Homenaje. Óleo sobre temple. Tela. 130X160. 1980. Fausto DIAZ LLORENTE
HOMENAJE
José Giménez Corbatón
HOMENAJE, de Fausto Díaz El arte es, en manos de algunos creadores escogidos, un medio privilegiado de comunicación. Ésa es su razón de ser, su única excusa: transmitir, enlazar inteligencias y sensibilidades, armonizar, responder a una tradición y abrir otra nueva, no dislocar la vida cotidiana: enriquecerla. El arte, entonces, sólo puede ser funcional. Si no, no es arte: es, como cualquier otro lujo, un coste innecesario.
Escribió el poeta Jesús López Pacheco: " Multipliquemos:/ el arte por el arte/ da siempre cero."
Las pinturas de la Quinta del Sordo son, se ha dicho, escenas demoníacas, sórdidas, misteriosas y oscuras, irracionales, que el artista pintó para sí mismo. Paradójicamente, constituyen hoy, con las series de grabados cargados de acerada crítica, las creaciones de Goya que más nos siguen interesando, revisadas una y otra vez por el ojo del espectador y por el de los artistas modernos. Su vigencia reside en la alucinación cruel, el fiel retrato, entre otros desmanes, de la guerra que acababa de nacer, que era ya la guerra futura, nuestras guerras contemporáneas.
Un ser volante señala allí, con expresión de horror, una ciudad encaramada en la montaña, a punto quizá de ser destruida. Su acompañante se tapa media cara con un plegado rojo. El paisaje, ondulado, sereno, es cruzado por jinetes que se aprestan a tomar el peñón y la ciudad. Esos seres flotantes advierten del peligro. Dos soldados, situados de espaldas en una esquina del cuadro, apuntan con sus fusiles a los emisarios del miedo.
El " Homenaje " de Fausto Díaz a aquella "Asmodea" es la continuación de la escena goyesca. Los mismos tonos rojos del manto tiñen ahora de sangre el paisaje sin figuras. han desaparecido también los dos soldados. El peñón, fragmentado, salta por los aires, y con él otros soldados que, en la paleta del pintor, han adquirido un aire de monigote de plástico que los actualiza. La gama de ocres, los tonos blanquinosos y grises del fresco de Goya han sido sustituidos por azules, rojos y blancos, de grueso y brusco trazo, y tan sólo un velo poco perceptible de ocre suave rodea, como un recuerdo, a los seres volantes.
El aviso de "Asmodea" se ha hecho realidad. El cuadro de Fausto Díaz recoge una tradición pictórica, la continúa, la actualiza, nos informa. Cumple la función de seguir advirtiendo del horror de la guerra. En esta nueva versión también las interpretaciones saltan por los aires y se ven reducidas a la verdad de ese único horror: la ciudad liberal amenazada, los Cien mil hijos de san Luis, el absolutismo borbónico, las depuraciones, todo se ha convertido en una explosión única, un paisaje destruido, unos soldados de juguete destrozados. Todo, salvo quizá la advertencia de que algo distinto podría ser aún posible.